| En aquel
entonces se desconocían las llamadas “Fuentes del Nilo”,
donde se precipitaban las lluvias que provocaban una vez al año
las crecidas. Sin embargo los antiguos egipcios fueron capaces de predecir
la crecida anual ya que se dieron cuenta de que Sirio, la estrella más
brillante, sale una vez al año un momento antes de la aurora
y observaron que ése era el preludio de la crecida anual.
Las inundaciones que provocaban estas crecidas pudieron controlarse
a partir de 1970 cuando se concluyó la inmensa presa de Aswan.
Sin embargo, al no crecer el río, dejó de depositar la
“nila” y hoy las tierras cada vez más estériles
sólo se pueden cultivar con fertilizantes químicos artificiales.
La arena del desierto ha cubierto durante siglos las ruinas de los templos
con todos sus tesoros, como esa sandalia que he visto en el museo arqueológico
y que calzó un hombre muerto hace cinco mil años. Ante
las impresionantes obras que se presentan a mis ojos, siento que templos,
pirámides, esculturas y relieves no estaban hechos para este
mundo terrenal, sino para trascenderlo. Vienen de tantos milenios atrás…
Qué escasas pueden parecen nuestras pequeñas vidas si
no las sentimos vinculadas a algo más que al corto tiempo de
existencia en la tierra…
Hoy, una marabunta de turistas se concentra a los pies del templo de
Ramsés II, en Abu Simbel, al que entran miles de personas al
día descargando sus flashes, desintegrando a marchas forzadas
lo que en su día fue sagrado, con una actitud de consumo que
no es diferente a la que tendrían en un parque temático.
Hoy, lo único que no nos atrevemos a profanar los occidentales
es el dinero.
A pesar de la asombrosa belleza y grandiosidad de las obras que estamos
visitando es verdaderamente difícil abstraerse de la enorme masa
de gente de la que una forma parte en este viaje, ¿cómo
ignorar que cada día visitan el valle de los Reyes siete mil
personas, más de dos millones y medio de respiraciones al año
sobre estos delicadísimos frescos? Esto ha llegado hasta nosotros
como un regalo del pasado, pero de este modo será imposible que
nosotros podamos ofrecérselo a las generaciones del futuro… |